Religión

No podíamos llegar al fin de este mes morado sin conmemorar todas aquellas costumbres que acompañan el andar del Señor de los Milagros, sin las cuales Octubre no sería el mismo.

Tradiciones, sumadas a los hombres, mujeres, ancianos y niños que año tras año caminan apretujados unos con otros sin importarles el cansancio y la fatiga.

Cómo pasar por alto las plegarias devotas y los miles de aplausos que enmarcan una procesión casi nacional.

De tanta trascendencia, que recibe merecidos espacios en cadenas de televisión e incluso ha sobrepasado las fronteras, para llegar a los corazones de miles de hermanos en el mundo.

A la usanza de muchos años, de guirnaldas,  cadenetas de colores blanco y morado y la tradicional lluvia de pétalos, se han unido alfombras de flores multicolores elaboradas por Clubes de Madres y Comedores Populares de Lima y Callao, convocadas especialmente para marcar el camino del Señor.

Que cuenta con tener siempre cerca a sus fieles zahumadoras, Cantoras y miembros de la Hermandad, quienes sobresalen de la multitud, ataviados con sus moradas vestimentas y rodeados de cirios.

Es infaltable el encuentro con diligentes vendedores de detentes, hábitos, calendarios, rosarios, anillos, velas, cordones blancos, gorras, estampitas, etc. al alcance de todos los bolsillos piadosos.

Culminado con el aroma de anticuchos y picarones que en ocasiones provocan una agradable humareda mayor que las zahumadoras.

En nuestros días, podemos hallar en el camino procesional desde Mazamorra Morada y Turrón de doña Pepa; hasta la novel combinación de arroz con pollo, tallarines y papa a la huancaína, producto del ingenio de la inmigración provinciana.

En conjunto, todo el universo al que lo peruanos denominamos la Procesión del Señor de los Milagros.

Numerosas costumbres del mes morado provienen de tiempos muy antiguos (incluso virreinales), perdiéndose en el camino muchas de ellas, mientras que otras tomaron fuerza.

Uno de los mejores ejemplos, nos es otorgado en la figura de los penitentes.

Estos sujetos acompañaban al Señor de los Milagros en los días de su procesión, siendo la mayoría fieles que por enfermedad o por pura devoción, se habían obligado a cumplir esta promesa religiosa.

Iban cubiertos con un saco negro, llevando el rostro con una larga careta de igual color.

Cuentan que incluso algunos marchaban con los pies descalzos; pero todos con el objeto común de pedir limosna para el santísimo, diciendo en voz alta:

“Ayudemos a pagar la cera de Nuestro Amo y Señor de los Milagros. ¿Dónde están los devotos y las devotas del año pasado?”

Es más, mucho tiempo después de haber quedado extinguida es nuestra capital esta costumbre, en el monumento de Chorrillos se estacionaban doce penitentes haciendo guardia en el Altar Mayor de la iglesia, teniendo espadas desnudas en la mano cuyas puntas descansaban en la tierra, en señal de duelo.

De acuerdo con los historiadores la subsistencia de los penitentes exigía un rostro descubierto, pues el uso de máscara era considerado atributo carnavalesco, provocando su extravío en nuestras memorias.

Diferente suerte corrieron las Zahumadoras, que en la actualidad tienen su merecido lugar junto a la propia hermandad del venerado Señor de los Milagros; uniéndoseles en 1967 las hermanas cantoras.

Pero aunque no lo crean, las primeras zahumadoras eran las criadas engreídas, llamadas mulatas de casa grande, a quienes sus amas ataviaban con gran lujo para su labor de octubre.

Iban con el pelo arreglado en menudas trencitas, trajes de raso y seda, muchas joyas y grandes braseros con todo el juego o servicio de plata y algunos hasta de oro; dentro de los cuales echaban incesantemente, sobre carbones encendidos, una resina muy aromática llamada zahumerio. Por lo que las tales zahumadoras eran entonces unas alhajas andantes.

Si traemos a nuestra memoria la vez en que nos preguntamos: ¿Por qué el color morado en las celebraciones del Señor de los Milagros?, recordaremos que la fundadora del Instituto Nazareno, que hasta el día de hoy existe, provino de tierras hermanas ecuatorianas.

Premisa que, aunque no lo crean, encierra la presencia de la imagen al reverso del Señor de los Milagros.

Imagen que nos despide cada vez que asistimos a la procesión de octubre y que vemos alejarse de nuestro paso con el final de de las peregrinaciones de cada año.

Hablamos nada menos que de la Señora de la Nube o Virgen de la Nube, de origen ecuatoriano que data del 30 de diciembre de 1696, en que cuentan se apareciera en cielos de la ciudad quiteña.

Efigie que es por primera vez mencionada, al lado del venerado Señor de los Milagros, por el cronista Llano de Zapata en relatos del mes de octubre de 1747.

Cuentan que las noticias acerca de las milagrosas apariciones de la Señora de la Nube se publicaron y difundieron en toda la ciudad; coincidiendo que por esas épocas profesaban en el Monasterio de las Madres Nazarenas de Lima, algunas religiosas de procedencia ecuatoriana.

Las cuales lograron convencer a la Priora, el Consejo Directivo y el resto de la comunidad, a rendir un meritorio homenaje a la memoria y tierra de la fundadora nazarena, Madre Antonia Lucía del Espíritu Santo.

Incorporándose así, el lienzo con la imagen de la Virgen de la Nube a las Andas del Señor de los Milagros de las Nazarenas.

Aunque sea difícil de creer, la procesión que en la actualidad congrega a miles de devotos peregrinos por calles limeñas cada mes de octubre, se llevó a cabo por vez primera con una réplica de la imagen.

La primera procesión se llevó a cabo luego del 20 de octubre de 1687 en que dos fuertes temblores, uno a las 4.30 de la mañana y luego a las 6.30, ocasionaron la pérdida de aproximadamente 100 vidas y derribaron templos y la mayor parte de las casas.

Sebastián de Antuñano sacó una réplica de la imagen y junto a devotos congregados en su ermita, que habían buscado refugio, recorrieron las principales calles de Lima.

Siendo así como nace la Procesión al Señor de los Milagros.

Años después llegó el terremoto del 28 de octubre de 1746, que según refieren los testimonios de la época: “En menos de tres minutos dejó caer todos los altos de la ciudad de Lima: sólo quedaron en pie 25 casas, y de 60,000 habitantes que habían en ella perecieron como cinco mil. La caída de los grandes edificios envolvió en sus ruinas a las casas inmediatas convirtiendo en escombros casi toda la ciudad”.

Al conmemorarse el primer aniversario del terremoto de 1746, la imagen tomó la costumbre de salir el 28 de octubre, visitando calles, templos, monasterios y hasta ramadas.

Hoy en día, un mar morado sigue devotamente al Señor de los Milagros, portado en andas y avanzando a paso lento y fervoroso. En busca de poder observar lo más cerca posible la venerada imagen que va bamboleante y haciendo venias.

 En lo que para muchos es un acompasado movimiento impreso por los cargadores del anda, que da a la imagen un ritmo de humano movimiento.

Para los que sienten el deseo de acompañar en alguna parte al recorrido del venerado Señor de los Milagros, o aquellos que tan sólo tienen curiosidad por saber de su gran peregrinación que empieza el día de mañana.

Mañana martes 18 de Octubre, se dará inicio al recorrido. A las tempranas horas de 6:00 a.m., la efigie saldrá del interior del Santuario de Las Nazarenas, para asistir a su solemne misa en el cruce de la Av. Tacna y el Jr. Huancavelica.

Se enrumbará hacia la Plaza Mayor para recibir homenajes del palacio de gobierno, palacio municipal y palacio arzobispal, con la finalidad de llegar al Santuario de la Virgen del Carmen de Lima, donde pasará la noche; no sin antes recibir el homenaje pertinente del Poder Legislativo en el congreso.

El miércoles 19, se le realizará una misa en el Santuario y empezará su segundo día de recorrido por el Jr. Huanuco, pasando por la maternidad de Lima, rumbo al palacio de Justicia, para recibir el respectivo homenaje del Poder Judicial.

Todo encauzado hacia la Av. Tacna, a la altura de la cuadra 4, en que voltea a la izquierda por el Jr. Huancavelica, e ingresa una vez más al Santuario de las Nazarenas.

El viernes 28 empieza de igual manera que los días anteriores, pero con la intención de volver a su lugar de origen.

Tomará la Av. Tacna y luego Nicolás de Piérola con el fin de llegar a Av. Alfonso Ugarte y ubicarse frente al Hospital San Bartolomé y luego ingresar al Hospital Arzobispo Loayza por la puerta de emergencia, para salir después por la puerta auxiliar y continuar por la misma avenida.

Llegando al último recorrido del 01 de Noviembre, en hombros del director general, capataces y sub capataces y hermanos cargadores, en el que recibe homenajes de despedida, en su caminar más corto del año. Para dirigirse hacia el Monasterio de las Madres Nazarenas Carmelitas Descalzas, donde permanecerá hasta el próximo octubre.

Recuerden, que la efigie del venerado señor va a paso lento y muchos años ha debido seguir su camino por toda la noche para llegar a destino. Así que tomen las precauciones necesarias y sean parte del maravilloso sentimiento que invade estar ante la presencia de tanta devoción y fé.

Recordando el post anterior del mismo tema, el muro en que se pintó el cristo crucificado era del terreno de Hernán Gonzales y servía de medianera con la casa huerta de Don Diego Tebes Montalvo. Predios que para esas épocas se situaban a las afueras de Lima.

 Sin embargo, el culto que hoy conocemos se dio inicio años después. Alrededor de1670, cuando habiendo quedado el terreno abandonado, un vecino empezó a rendir devoción a la imagen.

Los cronistas cuentan que en recompensa a su gran adoración, fue sanado de un gran padecimiento, motivando que los creyentes fueran apareciendo cada vez en mayor número. No mucho después, se congregó romerías* con música y cajón cada viernes por la noche, con el fin de celebrar la fe.

Como era de suponerse, la iglesia se opuso rotundamente a estas reuniones en torno a una imagen fuera de su cobertura y logró se diera la orden de derrumbarla.

Los sucesos que se generaron después, afianzaron la notoriedad del cristo de pachamamilla, entre desmayos y petrificaciones de aquellos encomendados a la tarea de su destrucción.

No tardó en alzarse el clamor del pueblo, con el fin de salvar la pintura, obteniendo la cancelación de la consigna del mismo virrey. Autoridad que no demoró en visitar la imagen, quedando tan impresionado que ordenó el levantamiento de una ermita provisional para la misma.

Para cuando concluyeron las obras, el cristo era ya conocido como Cristo de las Maravillas o de los Milagros; celebrándosele su primera misa el 14 de setiembre de 1671. Fecha que, en la actualidad, glorifica la Exaltación de la Cruz y se recuerda como una forma de desagravio al Cristo de Pachamamilla.

* Fiesta católica, que consiste en una peregrinación dirigida a algún santuario situado en lejanías. No siendo necesario el viaje, pero si la fiesta que dure toda una mañana o tarde.

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